Siempre que un silencio lo enfrenta,
Resuena como ecos en la mística
Deteniendo todo lo que puede llegar a ser.
Y después, sin piedad, una bala atraviesa
La cosas que dejó atadas en algún lugar,
Mientras cae en aquellas viejas obviedades.
Antes,
alguien cantaba, tenía estrellas en los labios,
Se creía que la felicidad era un estado de conciencia
Y cuando quiso analizarlo, se le enredaron los pensamientos
Y ferozmente derrumbaron su consistencia precaria.
Conoció el arco y la flecha, aprendió a cazar.
Así, las manadas aparecieron tentadoras, accesibles, irresistibles.
Y por querer ir más allá,
Confundió todo en su corazón.
Ahora
Intenta crear algo, creer en algo...
Y se interrumpen sus sueños en una lapicera,
Quiebra sus brazos flacos para inventar alas.
Ahora
Está escapando para regresar despierto,
Expectante.
Sin hacer jamás alarde de ello.
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